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Julio 2002
Hace ocho días mi corazón
latió con lenta aprensión, y el reloj dio marcha impetuosa, imperturbable
hasta llegar a su destino. Desperté temprano y a mi lado se encontraba Lars
Ivar Borge, mi pareja, contemplé su rostro y acaricié su cuerpo. Le dí unos
besitos en la espalda y me levanté. El es un osito dormidito y por eso comencé
a terminar el noticiero “Esta Semana”. Debía concluir lo más pronto
posible para poder enviarla via e-mail a mi hermana M. A. Ham, pues iba a llevar
a Lars al aeropuerto. Hasta ese día había utilizado la conexión a Internet de
la compu de Lars la mía sigue descompuesta-. En eso estaba cuando él despertó
y comenzó a revisar sus cosas; antes de darse un baño me dio lo que
acostumbramos cada mañana...
No preguntes porque no te voy a decir... Sólo te diré que la comunicación lograda en este tiempo de conocernos ha sido maravillosa y su influencia en mi vida y en mi actividad profesional inmensa. Sin embargo, siempre he odiado decir “¡Hasta luego!” y sobre todo cuando se trata de que yo esté en México y Lars en Alemania. Sí, ya se que regresa en Agosto y que estaremos juntos en nuestro hogar, pero esta sensación de tener un boquete en el alma, de tener un nudo gordiano por todo el esófago y de saber que en unas horas estas cuatro paredes van a carecer de su presencia física me hicieron derramar un par de lágrimas. No es por tristeza ni por remordimiento a cosas no dichas, pues algo que aprendí y practiqué gracias a Lars es la capacidad que tenemos los seres humanos de escuchar, de razonar ideas y llevar a cabo proyectos conjuntos. Tenemos mucho por hacer, un libro sobre la vivencia gay en México, la participación en Australia en el marco del programa cultural de los Gay Games 2002. En fin, este año aún es joven. Y sin embargo, las lágrimas salieron como expresión de todos los sentimientos encontrados: la felicidad por haber tenido la oportunidad de convivir con alguien tan sensible, amable, cachondo y guapo como Lars y ante todo, su capacidad de entrega, su capacidad de compartir sus conocimientos. Siempre recordaré aquella noche en que ibamos a ir a ver a Tito Vasconcelos y como era temprano empezamos a platicar en el restaurante chino ese que abre toda la noche frente al cafecito de los tecolotes- en la Zona Rosa. Entre política, religión, sexo e historia y todo junto- se nos fue el tiempo y cuando nos percatamos que eran las 5 de la mañana, esperamos una hora (era sábado) para ir al metro y dormir. Ahora esta pasando la primer semana. Lo extraño, amigo lector, pero no en el sentido posesión es mió y por eso debe estar aquí-, sino en la experiencia de venir cada noche a su lado, caminando y platicando, caminando y tomados de la mano, caminando y disfrutando los sonidos de la noche. Hasta hace ocho días exactamente no había llegado sólo a la casa, ahora es una necesidad imperiosa y un reto para cada día ser mejor pues ambos estamos dispuestos a compartir este espacio-temporal llamado VIDA de forma conjunta. No sólo en palabras sino con hechos concretos. Bueno, NUNCA EN MARTES, por favor, pues incluso aunque me apresuré a llegar del aeropuerto a El Taller, el metro y la lluvia me atrasaron una media hora. Ahora es martes y como todos los días les deseo una vida plena y orgullosa de ser humanos. AVS. |
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Julio 2002
Hace ocho días mi corazón
latió con lenta aprensión, y el reloj dio marcha impetuosa, imperturbable
hasta llegar a su destino. Desperté temprano y a mi lado se encontraba Lars
Ivar Borge, mi pareja, contemplé su rostro y acaricié su cuerpo. Le dí unos
besitos en la espalda y me levanté. El es un osito dormidito y por eso comencé
a terminar el noticiero “Esta Semana”. Debía concluir lo más pronto
posible para poder enviarla via e-mail a mi hermana M. A. Ham, pues iba a llevar
a Lars al aeropuerto. Hasta ese día había utilizado la conexión a Internet de
la compu de Lars la mía sigue descompuesta-. En eso estaba cuando él despertó
y comenzó a revisar sus cosas; antes de darse un baño me dio lo que
acostumbramos cada mañana...
No preguntes porque no te voy a decir... Sólo te diré que la comunicación lograda en este tiempo de conocernos ha sido maravillosa y su influencia en mi vida y en mi actividad profesional inmensa. Sin embargo, siempre he odiado decir “¡Hasta luego!” y sobre todo cuando se trata de que yo esté en México y Lars en Alemania. Sí, ya se que regresa en Agosto y que estaremos juntos en nuestro hogar, pero esta sensación de tener un boquete en el alma, de tener un nudo gordiano por todo el esófago y de saber que en unas horas estas cuatro paredes van a carecer de su presencia física me hicieron derramar un par de lágrimas. No es por tristeza ni por remordimiento a cosas no dichas, pues algo que aprendí y practiqué gracias a Lars es la capacidad que tenemos los seres humanos de escuchar, de razonar ideas y llevar a cabo proyectos conjuntos. Tenemos mucho por hacer, un libro sobre la vivencia gay en México, la participación en Australia en el marco del programa cultural de los Gay Games 2002. En fin, este año aún es joven. Y sin embargo, las lágrimas salieron como expresión de todos los sentimientos encontrados: la felicidad por haber tenido la oportunidad de convivir con alguien tan sensible, amable, cachondo y guapo como Lars y ante todo, su capacidad de entrega, su capacidad de compartir sus conocimientos. Siempre recordaré aquella noche en que ibamos a ir a ver a Tito Vasconcelos y como era temprano empezamos a platicar en el restaurante chino ese que abre toda la noche frente al cafecito de los tecolotes- en la Zona Rosa. Entre política, religión, sexo e historia y todo junto- se nos fue el tiempo y cuando nos percatamos que eran las 5 de la mañana, esperamos una hora (era sábado) para ir al metro y dormir. Ahora esta pasando la primer semana. Lo extraño, amigo lector, pero no en el sentido posesión es mió y por eso debe estar aquí-, sino en la experiencia de venir cada noche a su lado, caminando y platicando, caminando y tomados de la mano, caminando y disfrutando los sonidos de la noche. Hasta hace ocho días exactamente no había llegado sólo a la casa, ahora es una necesidad imperiosa y un reto para cada día ser mejor pues ambos estamos dispuestos a compartir este espacio-temporal llamado VIDA de forma conjunta. No sólo en palabras sino con hechos concretos. Bueno, NUNCA EN MARTES, por favor, pues incluso aunque me apresuré a llegar del aeropuerto a El Taller, el metro y la lluvia me atrasaron una media hora. Ahora es martes y como todos los días les deseo una vida plena y orgullosa de ser humanos. AVS. |
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