Acorde con la segunda acepción de la Real Academia de
la Lengua Española, Discriminación es: “Dar trato de inferioridad a
una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos,
etc.”
Y después del temblor que sentimos en la Ciudad
Capital de este país americano, la sacudida más importante fue para mi
conciencia. Desde hace algunos días he venido sintiéndome diferente. No
me preguntes por qué pero así es... En todo este tiempo he venido
creyendo en lo que he visto y sentido. He vuelto a recordar mis orígenes
y mis razones.
Soy activista, siempre me ha quedado muy claro, porque
soy demasiado egoísta, pues procuro vivir mi existencia a mi manera. Sin
que mi intención pretenda ser una apología de mí mismo, deseo subrayar
que soy activista y no espero que, parafraseando a José Antonio Alcaráz,
la “sociedad de enfrente” –la población que no es abiertamente GLBT–
se preocupe ni luche por mi bienestar. Sin embargo, el colmo es cuando se
me da un trato de inferioridad DENTRO de la propia población (valga la
cacofonía) GAY MASCULINA.
He pensado en estas semanas, que cada vez que digo que
soy Católico, se me juzga de “mocho”; si digo que tengo pareja, soy
objeto de mofa; si cuento sobre mis orígenes como Xochimilca, se me tilda
de “flor más bella del ejido”; si encuentro a un amigo y quiero
regalarle una de las cervezas que nos regala el lugar se me reclama. Si
voy a ver al Papa se me censura. Si escribo el noticiero se me dicen
sobrenombres –ni siquiera ingeniosos–, pero cuando por cualesquiera
motivos no me es posible elaborarlo se me critica mordazmente como si
recibiera una subvención o un agradecimiento, no sólo por las horas
nalga para hacer las traducciones sino para entrar a la internet y
seleccionar las noticias y verterlas al castellano.
Estoy cansado porque en estos últimos años, semana
con semana, he recibido críticas, he sido verbalmente discriminado POR
LOS PROPIOS GAYS a quienes hube deseado cuestionar su abulia, su pasividad,
su típico y mexicanísimo “ya ni modo” y sus “lo que pasa es”. Yo
ya estoy cansado. No busco ni jamás he deseado adoctrinar a nadie. Lo único
que deseo es vivir mi vida. Pero nadie de ese mundo “Oficial” gay me
da un sólo peso para pagar mi teléfono, ni para entrar a internet, ni
para las impresiones, ni para las traducciones, ni para la renta, el teléfono
y la luz. Y no sólo es lo económico, es que cuando he estado solo mis
amigos han estado conmigo, pero la oficialidad gay no. Es como si debiera
trabajar para mí mismo sin esperar el respeto de mis propios
conciudadanos comprometidos con el respeto y la igualdad.
Los mitos se hacen a base de fábulas, de relatos que
tienen algo de real y algo de ficción, pero con el tiempo se convierten
en situaciones o personajes que forman parte de nuestro inconsciente
colectivo. Yo ya estoy cansado. Yo estoy harto de ser una comparsa de Los
Martes de El Taller, porque hasta el barman que lleva el control de las
cervezas me subraya que NO SE ME VAYAN A PERDER LAS COMANDAS y que NO ME
QUEDE EN LA BARRA!!!!
Y sin embargo, la primera intención de quien esto
escribe, al ser activista, fue comunicarme con mis homólogos y charlar y
discutir y ser parte de una hermandad –a lo Walt Whitman–, o del sexo
homólogo –como escribió Gore Vidal–. Pero no, estamos en México y
se nos enseña que los españoles fueron unos hijos de la chingada que
vinieron a destruir todo. Si eso fuera tal, JAMAS habrían dejado que los
idiomas originales permanecieran. Tal ocurrió –por diversas razones–
en Cuba, donde la población nativa desapareció. De igual forma, el
movimiento gay inicia, versa la leyenda estadounidense a partir de
Stonewall y lo hace a imagen y semejanza del movimiento feminista y de
liberación ESTADOUNIDENSE!!!! Sin que en México hubieran ejemplos de
estilo de vida que podría ser activismo liberador, como la tradición de
las VELAS en Oaxaca, o los bardache. Y tampoco existió Europa, donde se
viene siendo abiertamente licencioso desde incluso los griegos y antes...
Pero bueno, tal vez deseaba demasiado: RESPETO... de mis pares
homosexuales.
Es irónico que esa “Sociedad de Enfrente” me esté respetando más,
MUCHO MAS que mis propios “hermanos”...
Y pues bueno, mientras decido en serio qué hacer, me atengo a la primera
definición de Discriminación, del citado diccionario: “Separar,
distinguir, diferenciar una cosa de otra.” A partir de ahora, separaré,
distinguiré y diferenciaré lo que hago por amor al arte de lo que me
toma tiempo, dinero y abusos.
Acorde con la segunda acepción de la Real Academia de
la Lengua Española, Discriminación es: “Dar trato de inferioridad a
una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos,
etc.”
Y después del temblor que sentimos en la Ciudad
Capital de este país americano, la sacudida más importante fue para mi
conciencia. Desde hace algunos días he venido sintiéndome diferente. No
me preguntes por qué pero así es... En todo este tiempo he venido
creyendo en lo que he visto y sentido. He vuelto a recordar mis orígenes
y mis razones.
Soy activista, siempre me ha quedado muy claro, porque
soy demasiado egoísta, pues procuro vivir mi existencia a mi manera. Sin
que mi intención pretenda ser una apología de mí mismo, deseo subrayar
que soy activista y no espero que, parafraseando a José Antonio Alcaráz,
la “sociedad de enfrente” –la población que no es abiertamente GLBT–
se preocupe ni luche por mi bienestar. Sin embargo, el colmo es cuando se
me da un trato de inferioridad DENTRO de la propia población (valga la
cacofonía) GAY MASCULINA.
He pensado en estas semanas, que cada vez que digo que
soy Católico, se me juzga de “mocho”; si digo que tengo pareja, soy
objeto de mofa; si cuento sobre mis orígenes como Xochimilca, se me tilda
de “flor más bella del ejido”; si encuentro a un amigo y quiero
regalarle una de las cervezas que nos regala el lugar se me reclama. Si
voy a ver al Papa se me censura. Si escribo el noticiero se me dicen
sobrenombres –ni siquiera ingeniosos–, pero cuando por cualesquiera
motivos no me es posible elaborarlo se me critica mordazmente como si
recibiera una subvención o un agradecimiento, no sólo por las horas
nalga para hacer las traducciones sino para entrar a la internet y
seleccionar las noticias y verterlas al castellano.
Estoy cansado porque en estos últimos años, semana
con semana, he recibido críticas, he sido verbalmente discriminado POR
LOS PROPIOS GAYS a quienes hube deseado cuestionar su abulia, su pasividad,
su típico y mexicanísimo “ya ni modo” y sus “lo que pasa es”. Yo
ya estoy cansado. No busco ni jamás he deseado adoctrinar a nadie. Lo único
que deseo es vivir mi vida. Pero nadie de ese mundo “Oficial” gay me
da un sólo peso para pagar mi teléfono, ni para entrar a internet, ni
para las impresiones, ni para las traducciones, ni para la renta, el teléfono
y la luz. Y no sólo es lo económico, es que cuando he estado solo mis
amigos han estado conmigo, pero la oficialidad gay no. Es como si debiera
trabajar para mí mismo sin esperar el respeto de mis propios
conciudadanos comprometidos con el respeto y la igualdad.
Los mitos se hacen a base de fábulas, de relatos que
tienen algo de real y algo de ficción, pero con el tiempo se convierten
en situaciones o personajes que forman parte de nuestro inconsciente
colectivo. Yo ya estoy cansado. Yo estoy harto de ser una comparsa de Los
Martes de El Taller, porque hasta el barman que lleva el control de las
cervezas me subraya que NO SE ME VAYAN A PERDER LAS COMANDAS y que NO ME
QUEDE EN LA BARRA!!!!
Y sin embargo, la primera intención de quien esto
escribe, al ser activista, fue comunicarme con mis homólogos y charlar y
discutir y ser parte de una hermandad –a lo Walt Whitman–, o del sexo
homólogo –como escribió Gore Vidal–. Pero no, estamos en México y
se nos enseña que los españoles fueron unos hijos de la chingada que
vinieron a destruir todo. Si eso fuera tal, JAMAS habrían dejado que los
idiomas originales permanecieran. Tal ocurrió –por diversas razones–
en Cuba, donde la población nativa desapareció. De igual forma, el
movimiento gay inicia, versa la leyenda estadounidense a partir de
Stonewall y lo hace a imagen y semejanza del movimiento feminista y de
liberación ESTADOUNIDENSE!!!! Sin que en México hubieran ejemplos de
estilo de vida que podría ser activismo liberador, como la tradición de
las VELAS en Oaxaca, o los bardache. Y tampoco existió Europa, donde se
viene siendo abiertamente licencioso desde incluso los griegos y antes...
Pero bueno, tal vez deseaba demasiado: RESPETO... de mis pares
homosexuales.
Es irónico que esa “Sociedad de Enfrente” me esté respetando más,
MUCHO MAS que mis propios “hermanos”...
Y pues bueno, mientras decido en serio qué hacer, me atengo a la primera
definición de Discriminación, del citado diccionario: “Separar,
distinguir, diferenciar una cosa de otra.” A partir de ahora, separaré,
distinguiré y diferenciaré lo que hago por amor al arte de lo que me
toma tiempo, dinero y abusos.