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“Me
preocupa algo esto,” dijo una mujer en San Diego cuya pareja lesbiana
ha estado en un barco en el Golfo Pérsico, “El resto de la tripulación
estarán en el area.”
En
un momento en que miles de estadounidenses planean su regreso a sus
seres queridos, provenientes del Medio Oriente, existe una división
casi imperceptible. La política del gobierno conocida como “don’t
ask, don’t tell” [No te pregunto, No me dices], que prohíbe que
personas abiertamtente gay sirvan en el ejército, y ha causado que un número
desconocido de parejas se despidan a puerta cerrada, así como planear
discretos reencuentros al regresar, y, en el tiempo que está en medio,
deben mantenerse en contacto por medio de mensajes estériles o anónimos,
como una forma de mantener el contacto.”
Con
sus corazones y y sus vidas en peligro, las parejas gay de personas en
las fuerzas de defensa, expresan su frustración porque no reciben los
beneficios que obtienen las parejas casadas, ni el mismo nivel de apoyo
emocional. Muchas personas en este caso — varones o féminas, quienes
acordaron ser entrevistados sólo si sus nombres eran mantenidos en
secreto, ante todo por el temor de que sus parejas uniformadas podrían
ser rastreadas por sus declaraciones— también se quejaron de una
falta de apoyo entre los propios civiles gay, muchos de los cuales son
escépticos respecto a las fuerzas armadas.
Una
preocupación mayor en el personal gay es que pueden no confiar en todo
el mundo, o pueden caer presa de sus superiores o simplemente se sentirán
en la necesidad de decir la verdad, lo que seguramente les llevará a
procesos para cesarlos. “La paranoia es justificada”, dijo Sharra E.
Greer, directora legal del grupo gay Servicemembers Legal Defense
Network [Red de Defensa Legal de Miembros en los Servicios (de
defensa)], cuyos clientes recientes incluyen a cinco que estaban a sólo
unos meses de cumplir 20 años de servicio. Los gays en el ejército
“tienen que ser invisibles para mantener sus trabajos,” declaró
Greer said.
El
número de personas despedidas el año pasado decreció, como ocurre
cuando hay una guerra. En total fueron 906, de 1,273 en 2001. Algunos
criticaron a quienes buscan políticas más liberales pues aducen que
esto minaría la presteza en las filas. En el ejército [Army], por
ejemplo, siete lingüistas especializados en Arabe fueron despedidos a
pesar de la falta de este tipo de personas.
Las
parejas aseguran que mantener el secreto fortalece sus lazos: “Es duro
mantener una relación a menos que hables de forma directa,” dijo una
mujer de San Diego, ex oficial naval que fue despedida el año pasado
luego de informar a su comandante que es lesbiana. Su pareja, que no ha
declarado su orientación sexual, terminará su deber a fines de mes en
un puerto de Asia. Ambas se comunican por e-mail, cuidando la forma de
enviarlos, sin revelar sus nombres y escriben de todo, lo que sucede a
bordo y los trabajos de re-decoración de la casa en California; su
amor, pero jamás terminan utilizando su nombre. A veces hablan por teléfono
vía satélite, pero la voz tarda en llegar un par de segundos y la
falta de privacidad promueve la frustración en las llamadas.
Antes
de su descargo, la mujer, de 27 años y una graduada de la Academia
Naval, fue la oficial legal del barco, y entre sus deberes tuvo que
hacer cumplir la política “don’t ask, don’t tell.” “Estuve
en una situación donde me ví forzada a mentir,” dijo ella, “y ya
no lo quería hacer más.”
Con
todo, está determinada a que su pareja de 17 meses— divertida y
carismática— permanezca en una carrera que ama. “Todos deberíamos
poder servir, y servir abiertamente. Ella está ahí cumpliendo con su
deber, pero es prácticamente una ciudadana de segunda clase.”
Las
parejas no reciben beneficios que se proveen a cónyuges, ni acceso a
las tiendas de la base militar ni apoyo en grupo para las parejas que
son separadas por los deberes militares. “Me siento un poco
relegada,” dijo la mujer de San Diego. Otra mujer, en el noreste, cuya
pareja lesbiana de ocho meses es oficial de un barco que ha estado en la
guerra, no tiene acceso a los informes que se proporcionan a las
familias sobre la situación de la tripulación del barco. Pero con
todo, “no estaría confortable llendo ahí: me preocuparía el tipo de
preguntas que se me harían.” También le interesa el pensamiento de
que si su pareja resultara incapacitada, ella no sería la primer
persona en que el ejército se comunicaría. “Vamos a navegar a través
de este sistema loco virtualmente solas,” dijo la mujer.
En
el área de Washington, un abogado en sus 30’s y el soldado con quien
ha sido su pareja por cinco años se prepararon para decir adiós,
porque lo mandaron al Golfo, completando sus testamentos y dando uno al
otro carta a poder [power of attorney]. Planearon desde antes, pues sabían
que sus cumpleaños y aniversarios serían perdidos. El soldado ordenó
una caja de dulces mucho antes de forma que su pareja tuviera algo el día
de San Valentín. Pasaron un fin de semana juntos y se dijeron adiós en
Febrero. “No fue un beso de despedida en la base, como los que se ven
en a televisión, Hemos aprendido a esos ajustes,” dijo el abogado.
Cuando
no se encuentran en casa, evitan darse la mano en la calle y son
cuidadosos al hablar sobre la profesión militar. Pero comparten un
hogar de una recámara, salen los fines de semana y pasan las vacaciones
juntos. También cuentan con una red de amigos gay, algunos de ellos en
el ejército. Y sin embargo, el soldado partió al golfo, donde no irá
al combate, mientras que el abogado se siente aislado. En su empresa, la
gente con cónyuges en servicio reciben mails y otras manifestaciones de
apoyo. “Ha sido sorprendente,” dijo el abogado, “ver cómo se
demuestra tanta solidaridad en la población buga [straight].”
También
ha criticado a quienes –amigos y parejas- evitan preguntar sobre su
pareja. Piensa que esto se debe a la oposición a la guerra o a la
sospecha de cosas militares. “Una vez que dejas la esfera de tus
amigos más cercanos, pienso que existe una ausencia real de apoyo al
interior de la Comunidad Gay.”
El
abogado estuvo deseoso por ser parte de esta historia, sin embargo,
utilizó muchos minutos asegurándose que lo dicho no tuviera detalles
que pudiesen identificar a su pareja. En sus e-mails diarios, el abogado
explicó, debe escoger las palabras con cuidado, evadiendo referencias
de género. No firma sus mails con su nombre. “Yo lo escribo y lo
censuro mientras lo redacto... pero sí digo “Te Amo” [‘I love
you.’]”
“Gay
Partners, Too, Are Separated by War, and by Secrecy”,
by Christopher Marquis, New York Times, April 18.
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2003
Document created 30.04.2003, 11:46:02 CET
First published 30.04.2003 |
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