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FOTO: Shane T. Mccoy, suboficial
de Marina 1a clase/Departamento de Defensa de Estados Unidos via Reuters
Una área de detención en Guantánamo, enero de 2002
Planes
de Guerra - War Plans - Reseña del
libro "Terror and Consent" de Philip Bobbitt
NYTimes, Niall Ferguson, 09/06/2008 (Traducción al castellano AVS /
Enkidu Magazine): Se piensa, de manera convencional, que la edad del
"hombre Atlántico" [“Atlantic man”] ha terminado. Algunos, como Parag
Khanna, prevén el ascenso de un "segundo mundo" [“second world”] que
retará la hegemonía de Estados Unidos. Otros, sobre todo Fareed Zakaria,
están presagiando un "mundo post-estadounidense". El desarrollo rápido
de China (e India) sugiere a muchos que el centro geopolítico de
gravedad ha dejado de encontrarse entre Washington y Londres. La
vergüenza de la "relación especial" anglo-estadounidense en Irak ha
alentado a otros (a mí mismo entre ellos) a predecir el declive del
imperio estadounidense.
Sin embargo, Philip Bobbitt, es homo atlanticus redux. Un pulcro sureño,
renombrado casi tanto por sus alusiones literarias chispeantes, como por
su pensamiento agudo, él divide su tiempo entre Austin, Texas; Nueva
York, donde enseña derecho en Columbia; y Londres, donde ha dado
conferencias sobre estudios de guerra. Su libro nuevo, "Terror and
Consent" [Terror y Consentimiento] es, en muchas maneras, un manifiesto
sobre un Atlantismo nuevo, no sólo una reafirmación sino una reinvención
del rol dominante de la alianza transatlántica. Será leída con gusto por
hombres de cierta edad, clase y educación del Upper East Side de
Manhattan al West End de Londres.
Pero “Terror and Consent” es mucho más de lo que esos lectores pueden
sugerir. Es, simplemente, el libro más profundo que haya sido escrito
sobre el asunto de la política exterior de Estados Unidos desde los
ataques del 11 de septiembre —ciertamente, desde el fin de la Guerra
Fría. No tengo duda acerca de que será premiado. Merece serlo. Es más
importante que sea leído, marcado y digerido por dentro por todos los
tres candidatos que permanecen para suceder a George W. Bush como
Presidente de Estados Unidos.
La originalidad de Bobbitt reside en su casi excepcional habilidad para
sintetizar tres tradiciones muy diferentes de academia. La primera es
historia. La segunda es derecho, en particular derecho constitucional.
La tercera es la estrategia militar. Esta síntesis debe tanto a los
corredores del poder como al bosque secuestrado [sequestered groves] del
mundo académico. Bobbit fue un consejero asociado del Presidente Carter,
consejero legal del Senado en el Comité Irán-Contra y Director senior
del Consejo de Seguridad Nacional, bajo el Presidente Clinton.
En su último libro, “The Shield of Achilles” [El Escudo de Aquiles]
(2002), Bobbitt adelantó un argumento audaz sobre la historia de las
relaciones internacionales desde el tiempo del Tratado de Westfalia
(1648). Su argumento central fue que, como resultado de la Guerra Fría,
el ideal tradicional post Westfaliano de un Estado-nación soberano se
había vuelto obsoleto. En un mundo cada vez más sin fronteras que
asociamos con la mundialización, algo nuevo surge, que Bobbit llamó (y
continúa llamando) el "Estado-mercado" [“market-state”]. Las relaciones
de este Estado con sus ciudadanos se parece al que existe entre una
corporación y los consumidores. Su contraparte —y enemigo— es la red
terrorista. El problema central que surge en "The Shield of Achilles"
fue cuál lejos el Estado-mercado podría y debería ir para derrotar tales
redes, en particular cuando ellas eran, de alguna medida, patrocinadas
por los Estados-nación tradicionales.
Leído como un tratado de los tiempos, "The Shield of Achilles" parece
ejemplificar el cambio de actitudes estadounidenses sobre la política
exterior que inició luego del colapso de la Unión Soviética, acelerado
durante las guerras en los Balcanes de los 1990's y sobre todo después
del 11 de septiembre. Algunos críticos lo tomaron como un trabajo
neoconservador y el apoyo de Bobbitt a la invasión de Irak en 2003 dio
crédito a esta perspectiva. Sin embargo, leído como un libro de
historia, no era tal cosa. En su lugar, era una reflexión sobre el
declive de la soberanía nacional en una época de globalización.
“Terror and Consent” es menos histórica; de hecho, está más preocupado
con el futuro y en la mejor manera de anticipar sus retos. ¿Dije "el
futuro? Bobbit ha aprendido de los constructores de escenarios de la
empresa Royal Dutch Shell que el punto esencial que existe es que no hay
tal cosa como el futuro —sólo los futuros (en plural)—. La tarea que se
ha puesto a sí mismo aquí es retar casi todas las ideas existentes sobre
las así llamadas guerras contra el terrorismo [wars on terror ] (debemos
notar, una vez más, que es en plural), con la creencia de que sólo una
reconsideración de raíz y las ramas nos equiparán para lidiar con los
problemas puestos por "la proliferación de armas de destrucción masiva,
las atrocidades masivas de parte de los terroristas y las crisis
humanitarias que provocan o son provocadas por el terror."
La premisa central de Bobbitt es que la red terrorista islámica de hoy,
que él llama Al Qaeda para abreviar, es como una imagen distorsionada
por un espejo del Estado-mercado post-Westfaliano: descentralizado,
privatizado, que realiza trabajo en el exterior para recortar costos [outsourced]
y en alguna medida divorciado de la soberanía territorial. Los
terroristas son a la vez parasitarios y al mismo tiempo hostiles hacia
la economía global, la Internet y la revolución tecnológica en los
asuntos militares. Justo como las plagas del siglo XIV fueron
consecuencias no deseadas del aumento en el comercio y en la
urbanización, del mismo modo el terrorismo es una exteriorización
negativa [negative externality] de nuestro mundo sin fronteras.
La diferencia, por supuesto, es una de intención. Las ratas que
transportaron pulgas letales que transportaron Yersinia pestis, la
enterobacteria letal no tenían por intención devastar las poblaciones de
Eurasia y Africa. La Muerte Negra fue un desastre natural. Al Qaeda es
distinto. Sus miembros buscan minar el Estado-mercado poniendo en su
cotnra sus propios logros tecnológicos en una guerra alrededor del mundo
excesivamente larga, el objetivo final es crear un "Estado-terror" con
base en la Sharia en la forma de un nuevo califato.. Osama bin Laden y
sus confederados desean adquirir armas nucleares o biológicas de
destrucción masiva. Precisamente por la naturaleza del Estado-mercado,
así como las acciones de Estado-nación sin escrúpulos, los componentes
clave y el conocimiento están muy cercanos a estar disponibles a ellos
—puedes observar la carrera nuclear de Wal-Mart en Paquistán encabezadas
por A. Q. Khan. Con tales armas, los terroristas podrán desatar un súper
11 de septiembre, con costos humanos y psicológicos apenas imaginables.
En breve, estamos en guerra. Aquellos que dicen qu no puedes combatir un
ente abstracto han malentendido que el "terror" mismo está siendo
desplegado como un arma contra nosotros por una organización hostil y
calculadora. Para refinar su argumento, Bobbitt introduce una
distinción. Tanto los Estados-mercado como los Estados-nación del
Occidente son democráticos; ellos son "Estados de consentimiento" [“states
of consent”], donde el imperio de la ley existe para sostener la
libertad y los derechos individuales. Nuestros adversarios tienen como
objetivo reemplazar nuestro orden basado en el consenso con un "Estado
de terror".
Así que, ¿cómo combatir el terror? Como Rupert Smith, el soldado-filófoso
británico, Bobbitt arguye que la Administración Bush metió la pata en
Irak al llevar a cabo el tipo de guerra equivocado. Como una victoria
sobre un Estado-nación sospechoso de no tener escrúpulos, la Operación
Libertad de Irak [Operation Iraqi Freedom] fue un éxito. Pero la "guerra
entre los pueblos" que entonces tuvo que ser realizada para convertir a
Irak en un aliado en la guerra contra el terror fue un fiasco. Bush
había deseado una victoria del viejo estilo con desfiles. En estas
guerras nuevas no puede haber tal solución (de ahí el acuñación temprana
de Bobbitt de "la guerra prolongada" [“the long war”], que un Bush más
sobrio adoptó).
Para empeorar las cosas, la Administración Bush ha parecido
enorgullecerse de su desprecio del imperio de la ley, incluso cuando se
ha presumido como el exportador de la libertad. Miembro del Partido
Democrático (y sobrino de Lyndon Johnson), Bobbitt es irrefutable sobre
las deficiencias de la Ley Patriota [Patriot Act], la "colonia prisión"
[“prison colony”] en la Bahía de Guantánamo, el uso de la tortura y la
evasión deliberada de la legislación existente que le ha acompañado. Con
todo, muchos de sus compañeros demócratas (sin mencionar a muchos
libertarios de derecha) se detendrán apenas un poco antes de lo que
Bobbitt afirma después.
El instinto de Bush no estaba equivocado. Esta es la guerra, nosotros
necesitamos la detención preventiva [pre-emptive detention] de
sospechosos de ser terroristas; nosotros necesitamos un aumento
significativo de vigilancia, en particular de comunicaciones
electrónicas; nosotros necesitamos, en algunas circunstancias, usar
técnicas coercitivas (es decir, tortura) para obtener información de los
terroristas. El error fatal de la Administración fue su fracaso para
entender que estas cosas podrían ser logradas por medio de
modificaciones apropiadas en la ley. Al hacer lo que, de hecho, era
necesario, pero hacerlo fuera de la ley, la Administración socavó la
legitimidad de la política estadounidense en casa y en el extranjero.
Bobbitt es enfático: todas las secciones del gobierno deben actuar
conforme a la Constitución y al derecho.
Con precisión de abogado, Bobbitt explora el enigma clásico de la "bomba
que hace tictac" [“ticking bomb”]: es muy probable que un detenido tenga
conocimiento de un mecanismo explosivo oculto que, si es detonado,
matará a miles. En tal caso, porque los fines verdaderamente justifican
los medios, lo correcto podría ser ciertamente torturarlo. Pero hacerlo,
Bobbitt argumenta, nunca puede ser legal. El torturador tendrá que ser
sometido a juicio legal por sus acciones, aunque con la gran presunción
de que él será exculpado si él tuvo éxito en prevenir un desastre. Bajo
circunstancias menos extremas, Bobbitt sugiere, sería posible para los
agentes del gobierno utilizar métodos coercitivos que casi fueran
tortura (privación de sueño, drogas de la verdad), pero sólo con la
aprobación previa de un jurado.
Esto no es todo lo que debemos hacer si deseamos preservar la seguridad
sin sacrificar la legalidad. Bobbitt argumenta por una revisión radical
de nuestro sistema de inteligencia, arguyendo que las antinomias
tradicionales (ciudadano de Estados Unidos/extranjero,
aproximación/análisis, privado/público) son ahora un obstáculo para la
acción efectiva. Sí, nosotros verdaderamente necesitamos algo como un
abortivo Programa de Conciencia Total de Información [Total Information
Awareness program], reuniendo cada pieza de información disponible y
minando cada una por pistas sobre el siguiente 11 de septiembre. También
necesitamos tomar precauciones a gran escala para asegurar que el orden
constitucional y legal no sea derrumbado en el caso de un ataque
terrorista o un desastre natural.
Sobre todo, necesitamos una nueva doctrina de política extranjera. Las
doctrinas viejas, como la disuación [deterrence] y la contención [containment]
son obsoletas y deben dar paso a estrategias nuevas de "prevención" [“preclusion”]
-una palabra que se distingue del término "anticipación" [“pre-emption”]
en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2002, aunque el sentido parece
ser el mismo). Ciertamente, el unilateralismo debe ser abandonado.
Estados Unidos y sus aliados deben reconocer su suerte común como
defensores naturales de la sociedad de los Estados de consentimiento [society
of states of consent], mientras que Estados Unidos y la Unión Europea
deberían formar un nuevo G2, comprometido con una noción
post-Westfaliana de la soberanía, con todo, asegurándose de que sus
intervenciones en el extranjero sean gobernadas por un instrumento nuevo
de derecho internacional.
En un capítulo magnificamente inteligente, Bobbitt concede que su visión
no será fácil de llevar a cabo. Existe lo que él llama un "triángulo de
terror" [“triage of terror”], porque las acciones preventivas contra una
amenaza pueden exacerbar otra (por ejemplo, un ataque a un Estado que
patrocina el terrorismo puede alentar a otros Estados a buscar armas de
destrucción masiva como seguro, minando el ya frágil sistema de
no-proliferación). Todavía hay peligro, también, de que una guerra mucho
peor contra el terrorismo pudiese ocurrir si los nuevos Estados-mercado
emergentes del Oriente entran en conflicto con los de Occidente.
Sólo un punto parece eludir a Bobbitt y este es lo que me parece ser el
gran defecto de cualquier acción preventiva por un régimen democrático:
las recompensas electorales para el éxito son remotas porque es difícil
para el público ser agradecido con un evento que no ha ocurrido [nonevent].
La represalia, en contraste, es un infalible ganador de votos. Esta es
la dificultad más grande, pienso yo, puesto que Estados Unidos apenas
puede ser un "conserje" [“claviger”] (el que lleva las llaves) efectivo
y un portero [“steward”] de los Estados de consentimiento si su
ejecutivo no puede asegurar el consentimiento doméstico duradero para
sus acciones "preventivas" [“preclusive”].
En resumen: Bobbitt cree que hay una guerra real contra el terror; que
las libertades civiles, como se les entendía antes, podrían necesitar
ser restringidas para ganarla; que sin embargo, debemos combatirla sin
violar nuestro compromiso con el imperio de la ley; y que Estados Unidos
no puede ganar solo. Esto ciertamente no es una combinación de
posiciones calculadas para que Bobbitt gane la simpatía de izquierda o
de derecha en el Estados Unidos de hoy.
Con todo, es sorprendente que, a pesar de ser demócrata, Philip Bobbit
con tanta frecuencia haga eco de los argumentos hechos por John McCain
sobre política exterior. El percibe la amenaza terrorista como
mortalmente seria. El desea combatirla. Pero él desea luchar dentro de
la ley y con nuestros aliados tradicionales.
Tal vez —¿quién sabe?— este libro brillante podría también ser una
solicitud para el puesto de consejero de seguridad nacional. En tiempos
de guerra, compañeros de cama más extraños [stranger bedfellows] se han
conocido que un abogado demócrata de Texas y un soldado republicano de
Arizona.
Niall Ferguson es profesor en la Universidad de Harvard y en la Escuela
de Negocios de Harvard, y es miembro de la junta de gobierno [fellow]
del Jesus College, Oxford, y un miembro senior del Hoover Institution en
Stanford.
Published: April 13, 2008
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TERROR AND CONSENT
[Terror y Consentimiento]
The Wars for the Twenty-First Century. [Las Guerras por el Siglo
XXI]
By Philip Bobbitt.
672 pp. Alfred A. Knopf. $35. |
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