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De
Homosexuales y Transexuales
Juan Antonio Férriz Papí *
La actividad de esta semana
pasada ha sido frenética para las personas LGTB (lesbianas, gays,
bisexuales y transexuales). El martes sale nuevamente a votación la Ley
de modificación del Código Civil para la inclusión del matrimonio entre
personas del mismo sexo. Ha sido por iniciativa del Foro de la Familia,
que presentó un millón y medio de firmas para que se prohíban estos
matrimonios. Al día siguiente, el colectivo COGAM, en colaboración con
la Universidad Complutense de Madrid, presenta un estudio titulado “Adolescencia
y Minorías Sexuales. Voces desde la exclusión” mostrando los
numerosos problemas de exclusión social que sufren los adolescentes LGTB
y reclamando la necesidad de mayor formación para el profesorado así
como una correcta educación en valores y en la diversidad sexual.
Inmediatamente el día después, la Conferencia Episcopal pide que no se
eduque contra la homofobia en las escuelas, demandando la objeción de
conciencia frente a la educación en respeto a la diversidad sexual. Por
último, el viernes es aprobada por el Congreso la Ley de Identidad de Género,
en cuya votación el PP, tras votar a favor de esta Ley en el Senado,
inexplicablemente cambia su criterio y vota en contra.
En primer lugar, hay que
entender de dónde salen esas firmas y quién forma el Foro de la Familia.
Recuerdo una entrevista junto con su vicepresidente por aquel entonces,
Benigno Blanco, que yo le pregunté qué tipos de familias formaban las
asociaciones de ese Foro, y me contestó que por supuesto familias
formadas por hombre y mujer. Además, indagando en esas asociaciones,
comprobé que más del 90% son entidades católicas, algunas de lo más
“católicas”. Sin mucho esfuerzo, pude deducir cuál es el único
modelo de familia válido para esta gente: heterosexual y católica. Así,
una entidad que se hace llamar representante de la familia española,
excluye no sólo a las familias homoparentales, sino también las
monoparentales (formadas por una madre o un padre y su/s hijo/s), abuelos
y nietos, parejas de hecho, inseminación artificial, e incluso a las
familias no católicas en muchos casos. Yo pienso que, así, representarán
a sus propias familias, pero difícilmente a la “familia española”.
Sobre la recogida de firmas,
con la infraestructura que tiene la Iglesia Católica en España y su
capacidad de hacer proselitismo, ese millón y medio me parecen muy pocas,
poquísimas. Si comparamos esas cifras con el registro de católicos
bautizados que utilizan a la hora de pedir dinero al Gobierno,
probablemente nos daríamos cuenta del potencial real con que cuentan hoy
en día los obispos. En números gordos, menos de un 10% de los católicos
registrados han apoyado esa campaña en contra del matrimonio homosexual.
¿Por qué existe entonces esa idea machacante de demonizar a las personas
LGTB? ¿Con qué censo jugamos esta vez? La iglesia Católica,
representada por su jerarquía, está queriendo someter a toda una
sociedad a sus ideas del pasado, sean católicos o no y no se ubica en la
realidad actual que está viviendo. Frente a estas ideas, surge la defensa
de las minorías (inmigrantes, mujer, homosexuales, discapacitados…),
que intenta ser el valor de una sociedad de futuro. Ese futuro no es
asumible por una Iglesia que no cree en él. Poniendo una reflexión más
personal como cristiano, no entiendo esta postura intransigente sin el más
mínimo diálogo y empatía, alejada del Evangelio de Jesús, donde la
jerarquía católica no asume su servicio a la comunidad y, sin embargo, sí
quiere ejercer su dominio sobre los laicos. En ese sentido, sólo veo una
salida desde la actitud responsable de los laicos en sus comunidades,
asumiendo el protagonismo arrebatado por los que se hacen llamar “doctores
de la Ley” y creerse verdaderamente que el Espíritu Santo sopla por
todos lados, al ejemplo de Jesús de Nazaret. De otra forma, la Iglesia
estará vendida.
Ahora me gustaría analizar
la postura del Partido Popular. Desde la segunda legislatura del Gobierno
Aznar, estoy viendo un partido cada vez más preso de sus propias
actuaciones. Recuerdo momentos anteriores al cambio de gobierno, en los
que Llamazares fue llamado “maricón” por un diputado del PP a gritos
en el mismo Congreso de los Diputados (además, electo por la provincia de
Alicante) mientras hacía una defensa de los derechos de las personas LGTB
en 2003. También recuerdo por aquellas fechas a Zaplana llamar
“folclore” cuando 3 parejas homosexuales quisieron inscribirse en el
Registro Civil. Aquellos fueron los famosos momentos de las peras y las
manzanas de Ana Botella. Durante ese tiempo, el Partido Popular nunca
quiso saber nada de los colectivos LGTB y se negó a aprobar ninguna Ley,
es más, retiró varias subvenciones, sobre todo en la Comunidad de
Madrid. Con el cambio de Gobierno, en el momento que el Congreso iba a
aprobar la actual Ley, el PP sin previo aviso ni negociación, hizo una
propuesta de Ley sobre Uniones Civiles en la que no se recogía la palabra
“matrimonio” ni la adopción. Por supuesto fue rechazada porque se iba
a aprobar la actual Ley. Entonces se alzaron algunos alcaldes y concejales,
entre ellos Alperi, defensores de las tradiciones y manifestando que no
iban a celebrar “bodas gays” (también hubo alguno del PSOE).
Ayudados por las
manifestaciones catastrofistas de la jerarquía católica, parecía que el
mundo se iba a acabar en dos días. El PP apoyó así la manifestación
convocada por el Foro de la Familia el 18 de junio de 2004 e incluso
presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional para intentar revocar
la Ley, el cuál todavía está en trámite. Todo iba a ser un caos. Pero
desde entonces hasta hoy ya no se ha oído mucho. Es más, militantes y
cargos políticos del PP se están casando, y alcaldes y concejales del PP
están ejerciendo en “bodas gays”. ¿Por qué esa incoherencia política?
¿Dónde estaban esos militantes del PP durante ese tiempo tormentoso? ¿O
es que estaban sometidos por la disciplina de partido y nadie se atrevía
a discrepar? Con las dos votaciones realizadas esta semana, se ve
claramente que el Partido Popular no es un partido con criterio, sino que
funciona a impulsos, o lo que es peor, a golpe de voz. También demuestra
así que es un partido esclavo de sus propios fantasmas, que están
ocultos, pero están. Estos le otorgan poder pero a la vez, le restan toda
credibilidad cuando tiene que defender lo indefendible, buscando
argumentos que ni ellos mismos creen.
Es evidente que tras la
votación favorable en el Senado de la Ley de Identidad de Género, “alguien”
ha dictado orden de que eso
no puede ser así (mejor no haber escuchado al portavoz del Congreso del
PP defendiendo su voto negativo). Personalmente, no puedo entender una política
basada en el derribo del adversario, aunque sea a costa de los derechos de
las personas. Se basa en la destrucción, en lugar de construir para la
sociedad que les ha votado. Esa política que funciona “a dedo”, que
no es capaz de generar confianza, que tiene razonamientos que más que
razonamientos son un insulto a la inteligencia, y que no pone los medios
que dispone al servicio de los ciudadanos, no es una política coherente
ni traerá buenos resultados al país. Todo lo contrario, funciona desde
la división y el enfrentamiento, confundiendo a la sociedad con frases más
o menos pegadizas pero que no son ciertas, o son verdades a medias. En ese
contexto, es difícil enfrentarse a alguien cuya única finalidad sea
insultarte y desmerecerte ante el resto, cuyos argumentos están basados
en el odio y la homofobia y que no quiere escuchar a nadie. Como cristiano,
no veo reflejado el Evangelio en estas actitudes. Me cuesta descubrir a un
Jesús esperanzador donde sólo veo enfrentamiento, y dialogar con quien
no quiere, pues es imposible. De esta forma, me interrogó ¿cuál debe
ser mi actitud? Y la única esperanza que me queda es la paciencia para
que esto cambie.
A pesar de haber llamado ya
mil veces, yo les aseguro que seguiré tocando puertas con toda la
paciencia del mundo, pero también les aseguro que no me voy a morder la
lengua. Por suerte, esta semana hemos tenido un gobierno de otro color,
pero imagínense qué hubiera pasado si no hubiera sido así. Señoras, señores,
dentro de dos semanas me caso, y no puedo ni siquiera imaginármelo.
Alicante, 2 de marzo de 2007
* Juan Antonio Férriz Papí
Coordinador de Comunicación
Asociación DecideT
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